Donde el Tajo se pierde en su inmensidad y el puente Vasco da Gama domina el paisaje con su majestuosa estampa, caigo en las contradicciones de una Europa a veces ilusionante y otras, ingenua.​

Lisboa exhibe con orgullo sus tranvías pintorescos, símbolo de una ciudad que combina tradición y modernidad. Su estructura urbana parece tambalearse, pero se adapta perfectamente a la integración de cámaras de seguridad y lectores de tarjetas de transporte, como si fuera una mimética fusión entre lo antiguo y lo contemporáneo.​

La ciudad sabe lo que tiene y cobra por ello: ya no es la ciudad de los precios bajos. Hoy, sus costes turísticos son equivalentes a los de Madrid, e incluso superiores en algunos aspectos. El lisboeta medio, con un salario mínimo inferior al de España, puede verse cada vez más excluido de las atracciones turísticas y experiencias gastronómicas locales. En realidad, cualquier trabajador del sur de Europa se va quedando al margen de capitales que apuntan al lujo de los turistas, aquellos que sí pueden permitírselo.​

El proyecto europeo fue ilusionante: un continente unido, pacifista, próspero y centrado en el comercio. Pero la realidad parece indicar que Europa se queda atrás frente a una China ambiciosa, a un Estados Unidos autoritario y a una Rusia expansionista. Europa aparece desnuda, rezagada, cada vez más dependiente de la defensa de su socio americano y sin ejércitos propios.​

Los costes turísticos de Lisboa son equivalentes a los de Madrid, e incluso superiores en algunos aspectos. Foto: MRA
Los costes turísticos de Lisboa son equivalentes a los de Madrid, e incluso superiores en algunos aspectos. Foto: MRA

Es 10 de junio, Día de Portugal, de Camões y de las Comunidades Portuguesas. El tráfico se corta en Lisboa para dejar paso a las comparsas que se apoderan de la Rúa Augusta. El ambiente es alegre y colorido. Sin embargo, desde la pandemia siento que el bienestar que aún disfrutamos tiene los días contados. Vivo esta frágil tranquilidad con la conciencia de que es una burbuja que tarde o temprano estallará. Las desigualdades crecen, nuestra capacidad de reacción ante China es mínima y el espíritu reivindicativo parece ausente en una juventud que, en su memoria más profunda, carga con los horrores de la guerra de las generaciones anteriores y que no está dispuesta a revivirlos.

Publicado el Informe21 al 15 de diciembre de 2025

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